miércoles, 17 de agosto de 2011
BAR VELODROMO DE BARCELONA
Había estado hacía no mucho en este mítico bar cuando May Hofmann hizo la presentación de su nuevo libro Hofmann y me encantó el aire tradicional que se respira, con la decoración en madera, el billar, las mesas amplias.....y este pasado fin de semana, quise volver para conocerlo en su versión de bar de tapas.
El Bar Velódromo de Barcelona de la C/Muntaner 213, se inauguró en 1933 cuando en el barrio Eixample de Barcelona se abrían cafés por todas partes. Al principio fue restaurante abierto las 24 horas del día, para luego en 1945 convertirse en café, en típico bar de reuniones políticas, de amigos para tomar café, lugar donde se reunían los socios del club ciclista del Tibidado o la peña motorista de Barcelona, convirtiéndose en los 90 en lugar de moda. En el año 2000 el hijo del fundador, que fue Manuel Pastor , decidió cerrar sus puertas y venderlo.
En 2003 lo adquiere Cervezas Moritz y tras una reforma (manteneniendo la misma arquitectura, mobiliario, barra, billar e idiosioncrasia del lugar.
En julio de 2009 el Velodromo reabre sus puertas con recetas de Carles Abellán, chef del Comerç 24, o del Tapas 24 que entiende que en se deben ofrecer en el Velódromo tapas de las de toda la vida, que encajen con el lugar. Bravas, ensaladilla rusa con picos, croquetas de jamón, calamares a la romana, huevos estrellados, bombitas picantes, pulpo a feira, gildas, pimientos del Padrón, anchoas en vinagre o las tradicionales..... pero también se pueden tomar platos de cocina elaborada (como rabo guisado, callos, fricandó, pies de cerdo.....). En realidad en el Velódromo se puede desayunar, tomar un aperitivo, comer, merendar o cenar porque su cocina está abierta de 6 de la mañana a 3 de la madrugada (casi casi como en su origen que estuvo 24 horas abierto).
En esta ocasión nos pedimos una ración de calamares a la andaluza (pensé que serían tipo puntillitas, aunque ahora que lo pienso no sé si esos son a la malagueña), jamón canario, unas bombitas y unas bravas. Las bravas aunque no tienen la forma tradicional, están muy logradas y me recuerdan mucho a las del antiguo Inopia, y por supuesto son idénticas a las del Tapas 24, así como las bombitas (bueno, siendo el mismo chef ejecutivo, es lógico).
Acompañamos estos aperitivos primero con unos tradicionales vermouths Izaguirre con sifón para luego continuar con unas fresquisimas Moritz.
Un sitio a tener en cuenta a Barcelona, donde poder ir a cualquier hora del día sabiendo que seguro que nos podrán servir lo que queramos, en un ambiente agradable en el interior o en la terraza exterior (que no me convence porque está pegada a una calle muy concurrida en tráfico -Muntaner-). Seguro que volveré.
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2 comentarios:
Es exquisito todo en ese bar, hasta los mozos!
Recomendable
la verdad es que tengo ganas de ir en plan tranquilo con un libro, con tiempo para dedicarme a observar a la gente, e imaginarme a otras personas en otros tiempos en esas mesas conversando sobre política, deporte o sus vidas.
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