Este bar restaurante situado en la plaza de la Trinidad de la Parte Vieja donostiarra, es un establecimiento con solera ubicado en una casa del año 1800 de estilo rústico en piedra. Esta casa fue una de las que sobrevivieron al incendio que asólo la ciudad día 31 de agosto de 1813.
Justo el año pasado los propietarios de la Cueva han celebrado el 50 aniversario del establecimiento que cuenta con un comedor interior decorado al estilo vasco con capacidad para 30 personas, el espacio de bar y una terraza exterior cubierta y climatizada con capacidad para 40 comensales. De este modo, se puede disfrutar de la Cueva en sus diferentes opciones. De pie en la barra del bar, sentado dentro si se quiere algo más de intimidad, o fuera en la terraza, con la oportunidad de ver el ir y venir de esa parte tan tradicional de la ciudad.
La primera vez que entré en la cueva tenía 17 años y fue de la mano de mi primer novio, German. Me hice adicta a sus brochetas de riñones y a sus champis a la plancha, que es justo lo que he vuelto a probar casi 25 años después encontrandome con los mismos sabores y elaboraciones. Un control de la plancha estupendo, un toque de pimentón, y en el caso de los champis seguro que gustan a casi todos. La brocheta es algo más especial, que yo que no soy de casquería, encuentro deliciosa. Al cabo de media hora seguimos con el gusto en la boca.
Un clásico de la cocina tradicional vasca elaborada con productos frescos, usando principalmente la plancha como elemento de cocción, y ofreciendo un buen surtido de ibéricos, platos de pescado, verduras de temporada.... y de pintxos y raciones como los champiñones plancha de los que os he hablado, pintxos morunos, pulpo (que hay que reconocer que no bordan como por ejemplo hacen en el Bar Maruxa), mejillones a la marinera, chipirones a la plancha, almendras tostadas, brocheta de riñones, guindillas fritas etc.
Todo un clásico al que no pienso renunciar en mi ruta por la Parte Vieja. Lo clásico y lo más vanguardista no tienen por qué llevarse mal. Soy de la opinión que hay momentos para cada cosa, días que nos apetece un plato tradicional y sin embargo al día siguiente queremos que nos sorprendan con una elaboración más moderna.


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